domingo, 20 de diciembre de 2015

Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, de Michel Gondry (EE.UU/2004)




RECORDAR: DEL LATÍN, “VOLVER A PASAR POR EL CORAZÓN”

Podría decir que esta película es la prueba viviente de cómo las relaciones se van irremediablemente al carajo, pero no por eso uno deja de tirarse cíclicamente al pozo de clavadito para romperse los huesos con gusto. O podría ser aún más categórica y resumirlo así: el único proyecto que realmente se comparte es un azar que propone apostar sin garantías. ¿Cómo no rendirse ante semejante despilfarro de adrenalina?
Me parece interesante averiguar qué lugar ocupa el azar en el relato, cuando da igual que Clementine tenga el pelo verde o azul, si el naranja está predestinado a sucumbir.
Película hipnótica. ¿Por qué razón? La he visto decenas de veces y la volvería a ver otras decenas más. Aplaudo en cuclillas la paradoja de esta historia romántica, que enmarcada en la  ciencia ficción, entrega el final más verosímil. Sin ser víctima de la cursilería, el espectador participa activamente del ingenioso rompecabezas que Michel Gondry desarma en la pantalla. Queda claro que a esta historia no le resulta difícil revisitar el corazón de nadie.
Si pediste una cachetada para aterrizar y te la dieron, si tu  mejor talento fue ser su sombra, si lo mejor que hizo desde que lo conociste fue cambiarte por otra, entendés de qué hablo.
¿Serías capaz de borrarlo todo? ¿Serías hoy tan feliz si no hubieras ahogado tantos años en el pozo?
Dale, guardá la goma, que some things are meant to be. *



*Can’t help falling in love, Elvis.
                                                                                                                    
                                                                                                                     Paula Azzolina Jury

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