martes, 22 de diciembre de 2015

Última parada, de Bruno Barreto (Brasil/2008)


Para leer completo el Anuario del Cineclub Al Filo (Centro Cultural Leonardo Favio, Ciudad de Río Cuarto):

http://www.metropoliscine.com.ar/wp-content/uploads/2013/12/Cineclub-Al-filo-Anuario-2013-Web.pdf

El paraíso ahora, de Hany Abu-Assad (Palestina/2005)



Para leer completo el Anuario del Cineclub Al Filo (Centro Cultural Leonardo Favio, Ciudad de Río Cuarto):
http://www.metropoliscine.com.ar/wp-content/uploads/2013/12/Cineclub-Al-filo-Anuario-2013-Web.pdf

La virgen de los sicarios, de Barbet Schroeder (Colombia/2000)


Happy together, de Wong Kar Wai (Hong Kong/1997)




La maestra jardinera, de Nadav Lapid (Israel/2015)

lunes, 21 de diciembre de 2015

domingo, 20 de diciembre de 2015

Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, de Michel Gondry (EE.UU/2004)




RECORDAR: DEL LATÍN, “VOLVER A PASAR POR EL CORAZÓN”

Podría decir que esta película es la prueba viviente de cómo las relaciones se van irremediablemente al carajo, pero no por eso uno deja de tirarse cíclicamente al pozo de clavadito para romperse los huesos con gusto. O podría ser aún más categórica y resumirlo así: el único proyecto que realmente se comparte es un azar que propone apostar sin garantías. ¿Cómo no rendirse ante semejante despilfarro de adrenalina?
Me parece interesante averiguar qué lugar ocupa el azar en el relato, cuando da igual que Clementine tenga el pelo verde o azul, si el naranja está predestinado a sucumbir.
Película hipnótica. ¿Por qué razón? La he visto decenas de veces y la volvería a ver otras decenas más. Aplaudo en cuclillas la paradoja de esta historia romántica, que enmarcada en la  ciencia ficción, entrega el final más verosímil. Sin ser víctima de la cursilería, el espectador participa activamente del ingenioso rompecabezas que Michel Gondry desarma en la pantalla. Queda claro que a esta historia no le resulta difícil revisitar el corazón de nadie.
Si pediste una cachetada para aterrizar y te la dieron, si tu  mejor talento fue ser su sombra, si lo mejor que hizo desde que lo conociste fue cambiarte por otra, entendés de qué hablo.
¿Serías capaz de borrarlo todo? ¿Serías hoy tan feliz si no hubieras ahogado tantos años en el pozo?
Dale, guardá la goma, que some things are meant to be. *



*Can’t help falling in love, Elvis.
                                                                                                                    
                                                                                                                     Paula Azzolina Jury

El extranjero loco, de Tony Gatlif (Rumania-Francia/1997)



CÁLIDO RETRATO GITANO

Los personajes dupla de Tony Gatlif viajan. Algunos necesitan redefinir su propia identidad en diálogo con la tierra de sus ancestros (Exils, 2005), otros huyen de una Francia capitalista y xenófoba (Yo nací de una cigüeña, 1998). Sí, porque después de enamorarme de “Gadjo dilo” me aventuré en la filmografía de Gatlif.
En “El extranjero loco”, el protagonista, Stéphane, conectado a su padre por la música, sigue las pistas que éste le dejó en sus cassettes. Y en este viaje rompecabezas, la cantante Nora Luca viene a representar la esperanza de Stéphane de ese hipotético encuentro con su padre muerto, el deseo de postergar la muerte para poder despedirlo. Si encuentra a Nora, se encuentra con él, con ese padre viajero y ausente, tan fantasmagórico como Nora Luca en la película.
Un extranjero. Un padre fantasma. Un viaje. Un poco para encontrarlo, un poco para aferrarse a él, un poco para no perderlo nunca más.


LA ESCENA PERFECTA


Todo listo para registrar a Adrian Simionescu y sus músicos interpretando “Tutti frutti”, Sabina (Rona Hartner) bailando y Stéphane (Romain Duris) registrando. Puedo poner play en esta escena una y otra vez y ellos no se cansarían de actuar. La música lo es todo para los gitanos y ese todo es su aporte innegable a la cultura universal. La película sabe mostrarlo muy bien con estas escenas para nada anecdóticas.


PODER DE SÍNTESIS DEL RITUAL SIMBÓLICO


La escena final es maravillosa: finalmente Stéphane consigue enterrar a su padre, hacer el duelo negado que lo empujó a viajar. Con el ritual gitano entre festivo y doloroso, Stéphane rompe con la figura ausente de su padre, se libera de la presión de retenerlo reencarnándolo en el trabajo de grabar músicas y descubre la mímesis con su familia gitana postiza. El entierro de esos casettes bien podría relacionarse con el incendio y exilio de la familia de Sabina o el derrumbe de prejuicios sobre el pueblo gitano. Quién sabe. Lo que sí se ve es que el viaje empieza de nuevo de cero y con la sonrisa hermosa de Sabina. Y un año más tarde, en “Yo nací de una cigüeña”.
Un extranjero. Un padre fantasma. Un viaje. Un poco para encontrarlo, un poco para aferrarse a él, un poco para no perderlo nunca más, un poco para enterrarlo y no mirar nunca más atrás.
Amé esta película.


                                                                                                                 Paula Azzolina Jury

Del tiempo y la ciudad, de Terence Davies (Inglaterra/2008)


Primero que nada, esta frase:
“Amamos el lugar que odiamos, después odiamos el lugar que amamos. Dejamos el lugar que amamos, después pasamos toda una vida intentando recuperarlo.”
Me shockeó (para bien) la simpleza con que enuncia ese estado universal de contradicción permanente amor-odio que hay en cada relación ciudad-habitante. En este axioma que plantea, el tiempo funciona como catalizador de la nostalgia de aquello que alguna vez ocurrió o de ese ideal virgen de hastío, a quien el presente no es capaz de erosionar.
El caso es que esta biografía de Liverpool me conectó con reflexiones que alguna vez tuve:
¿El sentido de pertenencia a un lugar está supeditado al tiempo (y viceversa)?
¿Qué es lo que modifica el sentido de pertenencia a una ciudad sino el tiempo, si su paso me vuelve turista en mi tierra natal o hace que las avenidas y esquinas de esa otra ciudad, se parezcan cada vez más a las venas de mis brazos, tanto así que al volver a aquella ciudad, siento que retrocedo en el tiempo?
Tratamiento de la ciudad como ser vivo
Davies presenta una biografía de Liverpool. A diferencia de Frenkel, muestra todo fusionado: las emociones y recuerdos del director, la historia de la ciudad y la ciudad funcionando como conector, dotado de identidad propia. No logro entender bien cómo logra ese efecto, pero realmente lo percibo así. En “Construcción de una ciudad” los roles de director-entrevistador y de ciudadano entrevistado están bien definidos. Davies se me hace lento de más, oscuro y demasiado solemne, denso, sin espacios para respirar (la vi sola en mi casa y puse pausa un par de veces para ver una entrevista por Pettinato a los Illya Kuryaki quinceañeros y tomar un té, tenía que descomprimir un poco, jajaja)
Imaginé que yo tenía la tarea de hacer el mismo documental, pero con Mendoza. Ahí fue cuando entendí que no hay distancia entre esa voz en off y las imágenes. Son la misma cosa. Él es la ciudad y no hay ciudad sin esa voz. Mi Mendoza hubiese sido algo anecdótico, muy apagado por el tiempo. Y vuelvo otra vez al tema de la pertenencia.
Davies, lo que me dejaste es que las ciudades van creciendo con nosotros (y envejeciendo), al ritmo circadiano de amor-odio. La ciudad riega el cuerpo todo, arrasa con las alegrías y tristezas que sobran, pero un día te amordaza justo cuando estás a punto de dar el grito anónimo de la gran ciudad, y ya no queda otra que callar para empezar a ser la ciudad que riega el cuerpo todo.

                                                                                                                  Paula Azzolina Jury