domingo, 20 de diciembre de 2015

El extranjero loco, de Tony Gatlif (Rumania-Francia/1997)



CÁLIDO RETRATO GITANO

Los personajes dupla de Tony Gatlif viajan. Algunos necesitan redefinir su propia identidad en diálogo con la tierra de sus ancestros (Exils, 2005), otros huyen de una Francia capitalista y xenófoba (Yo nací de una cigüeña, 1998). Sí, porque después de enamorarme de “Gadjo dilo” me aventuré en la filmografía de Gatlif.
En “El extranjero loco”, el protagonista, Stéphane, conectado a su padre por la música, sigue las pistas que éste le dejó en sus cassettes. Y en este viaje rompecabezas, la cantante Nora Luca viene a representar la esperanza de Stéphane de ese hipotético encuentro con su padre muerto, el deseo de postergar la muerte para poder despedirlo. Si encuentra a Nora, se encuentra con él, con ese padre viajero y ausente, tan fantasmagórico como Nora Luca en la película.
Un extranjero. Un padre fantasma. Un viaje. Un poco para encontrarlo, un poco para aferrarse a él, un poco para no perderlo nunca más.


LA ESCENA PERFECTA


Todo listo para registrar a Adrian Simionescu y sus músicos interpretando “Tutti frutti”, Sabina (Rona Hartner) bailando y Stéphane (Romain Duris) registrando. Puedo poner play en esta escena una y otra vez y ellos no se cansarían de actuar. La música lo es todo para los gitanos y ese todo es su aporte innegable a la cultura universal. La película sabe mostrarlo muy bien con estas escenas para nada anecdóticas.


PODER DE SÍNTESIS DEL RITUAL SIMBÓLICO


La escena final es maravillosa: finalmente Stéphane consigue enterrar a su padre, hacer el duelo negado que lo empujó a viajar. Con el ritual gitano entre festivo y doloroso, Stéphane rompe con la figura ausente de su padre, se libera de la presión de retenerlo reencarnándolo en el trabajo de grabar músicas y descubre la mímesis con su familia gitana postiza. El entierro de esos casettes bien podría relacionarse con el incendio y exilio de la familia de Sabina o el derrumbe de prejuicios sobre el pueblo gitano. Quién sabe. Lo que sí se ve es que el viaje empieza de nuevo de cero y con la sonrisa hermosa de Sabina. Y un año más tarde, en “Yo nací de una cigüeña”.
Un extranjero. Un padre fantasma. Un viaje. Un poco para encontrarlo, un poco para aferrarse a él, un poco para no perderlo nunca más, un poco para enterrarlo y no mirar nunca más atrás.
Amé esta película.


                                                                                                                 Paula Azzolina Jury

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