domingo, 20 de diciembre de 2015

Del tiempo y la ciudad, de Terence Davies (Inglaterra/2008)


Primero que nada, esta frase:
“Amamos el lugar que odiamos, después odiamos el lugar que amamos. Dejamos el lugar que amamos, después pasamos toda una vida intentando recuperarlo.”
Me shockeó (para bien) la simpleza con que enuncia ese estado universal de contradicción permanente amor-odio que hay en cada relación ciudad-habitante. En este axioma que plantea, el tiempo funciona como catalizador de la nostalgia de aquello que alguna vez ocurrió o de ese ideal virgen de hastío, a quien el presente no es capaz de erosionar.
El caso es que esta biografía de Liverpool me conectó con reflexiones que alguna vez tuve:
¿El sentido de pertenencia a un lugar está supeditado al tiempo (y viceversa)?
¿Qué es lo que modifica el sentido de pertenencia a una ciudad sino el tiempo, si su paso me vuelve turista en mi tierra natal o hace que las avenidas y esquinas de esa otra ciudad, se parezcan cada vez más a las venas de mis brazos, tanto así que al volver a aquella ciudad, siento que retrocedo en el tiempo?
Tratamiento de la ciudad como ser vivo
Davies presenta una biografía de Liverpool. A diferencia de Frenkel, muestra todo fusionado: las emociones y recuerdos del director, la historia de la ciudad y la ciudad funcionando como conector, dotado de identidad propia. No logro entender bien cómo logra ese efecto, pero realmente lo percibo así. En “Construcción de una ciudad” los roles de director-entrevistador y de ciudadano entrevistado están bien definidos. Davies se me hace lento de más, oscuro y demasiado solemne, denso, sin espacios para respirar (la vi sola en mi casa y puse pausa un par de veces para ver una entrevista por Pettinato a los Illya Kuryaki quinceañeros y tomar un té, tenía que descomprimir un poco, jajaja)
Imaginé que yo tenía la tarea de hacer el mismo documental, pero con Mendoza. Ahí fue cuando entendí que no hay distancia entre esa voz en off y las imágenes. Son la misma cosa. Él es la ciudad y no hay ciudad sin esa voz. Mi Mendoza hubiese sido algo anecdótico, muy apagado por el tiempo. Y vuelvo otra vez al tema de la pertenencia.
Davies, lo que me dejaste es que las ciudades van creciendo con nosotros (y envejeciendo), al ritmo circadiano de amor-odio. La ciudad riega el cuerpo todo, arrasa con las alegrías y tristezas que sobran, pero un día te amordaza justo cuando estás a punto de dar el grito anónimo de la gran ciudad, y ya no queda otra que callar para empezar a ser la ciudad que riega el cuerpo todo.

                                                                                                                  Paula Azzolina Jury

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